El tamal canario (alias Ñartañan), cumplió un año de vida

El tamal canario (alias Ñartañan), cumplió un año de vida.

Su nombre ante la ley es Gabriel Maximiliano, y sus nombres artísticos son variados y se sujetan a la circunstancia en la que se desarrolle.

Con un año de vida, amenaza con unirse, próximamente, a las manifestaciones de la CNTE.

A veces le veo una cara de maestro de Oaxaca que me dan ganas de mandarle dos granaderos o a Oribe Peralta para que, deportivamente, quede inhabilitado por unas horas.

Es una explosión de sonrisas y yo vivo cómodamente en ellas.

Ante la llegada de sus primeros 365 días en este país que Videgaray se empeña en convertirlo en el Nairobi de los sesentas, el Tamal festejó con una bola de moconetes medio simiescos que no dejaron de gritar, saltar, ensuciar por donde pasaban, y berrear por casi seis horas.

No es que no me gusten los niños (en mi conteo personal compadezco por cuatro), pero una fiesta infantil es como un gasolinazo al final de cada quincena.

El Tamal fue feliz. Se la pasó sonriendo a sus invitados y, en algunos momentos, francamente arrepentido de haber invitado a tanta raza gritona.

Su palabra favorita ( y única) es papá; y yo me siento alto, fornido y simpático cada que la dice.

Con él son cuatro los seres que la pronuncian y en ella siempre encuentro la cara de la responsabilidad pero también del amor infinito.

Sus hermanas son gozosos seres humanos que comparecen a la vida con aplomo y valentía.

Son un gran ejemplo para el “menorcito” (decía mi abuelita), que de lejos o de cerca las comienza a amar.

Justo en estos días, dos de las frutitas de mi vientre han terminado sus estudios con dichosa responsabilidad.

Las miniputadas se juntaron el viernes en conocido salón de fiestas y organizaron una cena de salida a la que sólo les faltó Rigo Tovar o Chico Che, que seguro envidiaron no haber estado vivitos y colenado para amenizar la pachanga.

Una se va a la preparatoria, y amenaza con ser médico; yo ya me he apuntado como su más amoroso paciente e irremediablemente, su enfermero de cabecera. La otra frutita pasa a la secundaria y ha comenzado la titánica tarea de encontrarse en la vida y ser.Fin de semana movido y guapachoso.

Escribo este texto y te escribo, lectora, lector querido, lleno de gracia.

Que sea una gran semana, pase lo que pase.

Lo nuestro, lo nuestro, es intentar. Allá vamos.

Nos encontramos en gfloresa7.

 

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