AFONÍA DEL CICERONE

SE AGRADECE.

Lo de siempre, me paso semanas anunciando mi cumpleaños para que, conocidos y no tanto, preparen su cuota de recuperación, demuestren su entrañable amistad, escojan lo mejorcito para su amigo y se den de sí. Llega el día y me topo con que a la mera el destino o desatino, se hizo sobre mi cumpleaños.

Eso sí, pasadas unas cuantas semanas, la pequeña patria personal se aparece preguntándome si era verdad que ya había pasado mi cumple.

Con cara de directores de Pemex, se justifican diciendo que ese día un espíritu hamleriano se les apareció y les ordeno viajar a otro punto del país; otros más argumentan que justo cuando tomaban su teléfono para comunicarse conmigo, la leche se les subió y se pusieron a lavar la cocina antes de que la muchacha que ayuda en el servicio llegara y se diera tremenda enojada por las condiciones en las que encontraría la casa.

Este viernes pasado, 15 de abril, un mes después de mi cumple, a mi oficina llegó un mensajero.

-¿Se puede?, dijo después de pasar tres filtros, abrir la puerta, acomodarse frente a mi escritorio y agarran silloncito para sentarse.

No. Conteste.

-Mmmta, perdón. Ya me pasé (risa de la criada bien criada). Bueno. Ni modo. Estoy buscando a Grabiel Flores.

Aquí no vive Grabiel, pero estoy yo que casi es lo mismo.

-No tiene que ser él, dijo.

¿Cuál es el segundo apellido de la persona que busca?, pregunté.

-Archundia, dijo el primo de Jaimito “El cartero”.

Soy yo, señor. Gabriel Flores Archundia.

-“Ah dió”. ¿Tiene alguna identificación?

No a la mano, pero si quiere le llamamos a mi mamá para que dé fe, vía acta de nacimiento que soy Gabriel y no Grabiel.

Luego de enseñarle mis más característicos rasgos físicos, y hacer la prueba del polígrafo o chismógrafo, el don grito: “Ahhhhhh, es usted el de la tele; el de la orden ciudadana”.

De trabajo, señor, orden de trabajo.

-Sí, me dijo, yo lo veo cada que puedo o tengo ganas.

Muchas gracias, mi respetable. ¿Y qué lo trae por aquí?

-Le vengo a dejar un pequeño presente.

Después de una foto (quería tomármela con un individuo tan chabacano), el hombre partió.

El regalo era una muy presentable, elegante y fina corbata, y junto a ésta, una tarjeta en la que me deseaban un feliz día (15 de abril???) en compañía de mis seres queridos, por mi cumpleaños.

Me halagó la corbata y más el mensaje.

Para evitar el murmullo popular, no diré el nombre de la persona que me hizo tan inmerecido obsequio.

Lo agradezco y lo valoro profundamente.

Gracias por la corbata pero sobre todo por la atención, el mensaje y la dicha de estar entre sus amistades.

Mi cumple es el 15 de marzo pero yo recibo mi presente con gozosa alegría.

Esto abre una enorme posibilidad para que si tú, cuata cuate, no alcanzaste la tienda abierta el 15 de marzo, le corras.

 Te invito a que acudas a la tienda más cercana de tu casa que es tu alma y de ahí, envuelvas la mejor de tus sonrisas para que, si nos vemos, me la regales y sea bendito regalo salido de tu corazón.

Esos regalos no tienen tiempo, ni límites, ni plazos.

Me quedo con mi corbata y con la esperanza de nuevos obsequios que lleven de muño un saludo y de contenido una mirada.

Nos encontramos en @gfloresa7.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *