El cine y el mundo del espectáculo en México se encuentran de luto tras confirmarse el sensible fallecimiento de la primera actriz Elsa Aguirre, considerada una de las divas más icónicas y emblemáticas de la Época de Oro del cine nacional. Tenía 95 años de edad.
La noticia fue dada a conocer de manera oficial durante las primeras horas de este miércoles por la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI) a través de un comunicado en sus redes sociales.
»El Consejo Directivo y el Comité de Vigilancia de la Asociación Nacional de Intérpretes comunican el sensible fallecimiento de nuestra socia intérprete Elsa Aguirre. Fue una de las actrices más icónicas y emblemáticas de la Época de Oro del cine mexicano, célebre tanto por su talento dramático como por ser considerada uno de los rostros más bellos de la pantalla grande», expresó la organización en su mensaje de condolencias. Hasta el momento, no se han revelado las causas exactas del deceso.
El legado de una diva indispensable
Nacida el 25 de septiembre de 1930 en Hidalgo del Parral, Chihuahua, Elsa Irma Aguirre Juárez inició su trayectoria artística a mediados de los años 40 tras ganar un concurso de belleza. Su gran talento y arrolladora presencia física la convirtieron rápidamente en una estrella indispensable de la cinematografía en español.
A lo largo de una fructífera carrera que abarcó más de cinco décadas, protagonizó clásicos indispensables de la cultura mexicana como Lluvia roja (1950), Cuatro noches contigo (1952), La mujer que yo amé (1954) y Cuidado con el amor (1954), película en la cual compartió créditos con Pedro Infante, quien le interpretó el célebre tema «Cien años».
Su enorme versatilidad le permitió transitar con soltura entre el drama, la comedia ranchera y el suspenso, compartiendo el escenario con leyendas de la talla de Jorge Negrete, Arturo de Córdova, Pedro Armendáriz, Agustín Lara, Ignacio López Tarso y María Félix.
Reconocimientos y últimos años
En sus años de madurez, la primera actriz espació sus apariciones en las pantallas para dedicarse al teatro y a la televisión, así como a la filosofía oriental y a la práctica profunda del yoga en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, disciplinas a las que siempre atribuyó su notable longevidad y paz interna.
Su invaluable aportación al patrimonio cultural del país fue reconocida con prestigiosas distinciones, entre ellas la Presea Ángel de la Independencia y el Ariel de Oro otorgado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC). Su partida representa el cierre de una era dorada para la cinematografía mexicana.
Con información de: López Dóriga Digital
