Francia investiga a ex-maestro por abuso sexual de 89 menores en varios países

Durante décadas, Jacques Leveugle era conocido en la ciudad marroquí de Khenifra simplemente como el francés delgado que barría las calles al amanecer, ofrecía clases gratuitas de idiomas y organizaba salidas para escolares.

Hablaba árabe con fluidez y el dialecto de Marruecos, además de shilha, una lengua bereber ampliamente hablada en la región, habilidades que, según los vecinos, le ayudaron a integrarse en la comunidad.

Iba en bicicleta al mercado local, vestía de manera sencilla con vaqueros y una camisa abotonada, y abrió una pequeña biblioteca para niños en el barrio obrero de Lassiri.

Ahora, el hombre de 79 años está entre rejas y bajo investigación formal en Francia, acusado de violar y agredir sexualmente a 89 niños durante más de cinco décadas en varios países, un caso que los fiscales en Francia hicieron público la semana pasada.

Indicaron que Leveugle también reconoció haber asfixiado hasta la muerte a su madre cuando se encontraba en la fase terminal de un cáncer y, más tarde, haber matado a su tía de 92 años.

Muchos de los abusos sexuales ocurrieron en el norte de África, donde Leveugle pasó gran parte de su vida y se forjó una reputación de maestro entregado y hombre respetuoso.

Los delitos se descubrieron cuando un familiar de Leveugle encontró sus memorias digitales en una memoria USB y las entregó a las autoridades.

En Marruecos, donde vivió hasta su detención en 2024, se sospecha que abusó de más de una docena de niños, declaró a The Associated Press el fiscal de Grenoble, Etienne Manteaux. En la vecina Argelia, donde Leveugle trabajó como profesor de lenguas extranjeras durante ocho años en las décadas de 1960 y 1970, se sospecha que abusó de al menos dos menores.

Defensores de la protección infantil señalan que el perfil de Leveugle refleja patrones observados en todo el mundo.

«Los perpetradores a menudo se presentan a través de actividades educativas o culturales, cultivan una imagen respetable y aprovechan el prestigio social o cultural para ganarse la confianza», explicó Najat Anwar, de Don’t Touch my Child. «Luego apuntan a niños en situaciones emocionales o sociales vulnerables».

Con información de: proceso.com.mx

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